En el año 372

por | 9 Agosto, 2016

Para el libro, y para el estudio, ésta fue una experiencia terrible, pero no, como veremos, una decadencia terminal. Una de las razones para ello es que en Bizancio se realizó un esfuerzo decidido para preservar los clásicos.

En una comunicación dirigida al emperador Constancio el 1 de enero de 357, el erudito bizantino Temistio (c. 317-c 388) esbozó un plan «para garantizar la supervivencia de la literatura antigua». S Temistio, hombre de gran perspicacia, advirtió que la creación de un scriptorium dedicado a «la producción de nuevas copias de los clásicos», cuya supervivencia se creía amenazada por la desatención, convertiría a Constantinopla en un centro de cultura literaria.

Los autores que más necesitaban de esta protección eran, especificaba, Platón, Aristóteles, Demóstenes, Isócrates y Tucídides. «Pero continuaba Temistio, «los sucesores de Homero y Hesíodo, y filósofos como Crisipo, Zenón y Cleantes, junto con todo un abanico de otros autores, no circulan comúnmente y sus textos se salvarán así del olvido.

En el año 372 el prefecto de la ciudad, Clearco, promulgó una orden para que se nombran cuatro escribas que supieran griego y tres que supieran latín encargarse de la transcripción reparación de libros».30 Habían pasado quince años desde que Temistio había tenido la idea. pero al menos por fin se puso en práctica.
Otra forma en la que las ideas clásicas finalmente sobrevivieron a este periodo fue a través de un conjunto de escritores (enciclopedistas, principalmente) a quienes se conoce como «los transmisores latinos», quienes mantuvieron vivo el pensamiento clásico (o al menos los textos en los que éste se expresa) con lo que construyeron un puente entre el siglo IV y el renacimiento carolingio que tendría lugar cuatrocientos años después. Su trabajo ha sido estudiado, entre otros, por Marcia Colich.

 

 

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